
El próximo 26 de septiembre, los venezolanos inscritos en el Registro Electoral elegirán la nueva Asamblea Nacional, ese mismo día en un tarjetón aparte, estamos convocados para elegir también al Grupo Parlamentario que representará a Venezuela en el Parlamento Latinoamericano, un organismo permanente y unicameral fundado en Lima, Perú, en 1964, con el propósito de promover y alcanzar la integración latinoamericano-caribeña. El Parlatino es, sobre todo, un ente político, como todo parlamento y tiene entre sus competencias la de sancionar leyes marco que, aunque no son de obligatorio cumplimiento, sirven de guía para las leyes nacionales de los países que lo integran. El Parlamento Latinoamericano tiene su sede regional en Ciudad de Panamá, Panamá, y esta integrado por 22 países (ahora 21 porque Honduras fue expulsado después del golpe de Estado contra el presidente Manuel “Mel” Zelaya).
Aunque la actividad del Parlatino es relativamente poco conocida, lo cierto es que este ente ha cumplido tareas sustanciales; en la lucha contra la deuda externa que afectaba y aún afecta, brutalmente, los presupuestos y las economías de nuestros países, por ejemplo, ejerció un papel de liderazgo muy importante. Algunas de sus investigaciones parlamentarias como la que realizó sobre la situación de las cárceles en América Latina y el Caribe son realmente transcendentes, de ser aplicadas sus conclusiones en nuestros países, resolveríamos, en buena medida, las recurrentes crisis que padecemos en el área penitenciaria. La aprobación de la Declaración sobre los derechos de autor y autora, el acceso a las obras y al conocimiento libre en América Latina y el Caribe, después de un debate de más de dos años, también es un hecho a destacar y muchos otros logros que, lamentablemente, no son debidamente transmitidos a la ciudadanía en general. Sin embargo, el Parlatino puede hacer mucho más. Este parlamento internacional necesita más vitalidad, repensar su misión, en esta la que parece ser la hora de la integración, actuar conjuntamente con los movimientos sociales organizados y, desde nuestro punto de vista, estimular a las fuerzas progresistas del continente a participar de los retos que América Latina y el Caribe, en su conjunto, tienen por delante. El Grupo Venezolano en el Parlatino, que es el único que se elige por votación directa, secreta y universal (las otras delegaciones son designadas por sus congresos o asambleas nacionales) debe procurar, con mayor fuerza, una relación más intensa con la sociedad organizada, especialmente con los sectores vinculados a la educación, con ellos se debe trabajar en la promoción de una verdadera cultura de la integración entre los venezolanos. Al mismo tiempo, es menester incrementar, desde Venezuela, el esfuerzo para lograr que todos los parlamentarios que representan a sus países, sean electos por sus respectivos pueblos. El nuevo Grupo Venezolano en el Parlamento Latinoamericano, debe articular su acción con otras iniciativas internacionales: las del gobierno, las de las universidades, las de los sindicatos, etc. En este periodo que está por concluir, esto ha sido muy difícil, porque la verdad es que nuestra Cancillería ha ignorado, de manera poco sensata, al Parlatino.
Por último, es necesario señalar que el Parlamento Latinoamericano debe plantearse un rol mucho más activo en el proceso de descolonización de territorios como: Puerto Rico, Malvinas, Guantánamo (Cuba), Guadalupe, Martinica, la Guayana Francesa y otras zonas en América Latina, el Caribe y el mundo que todavía, inexplicablemente, tienen un estatus colonial. Debe el Parlatino, también, propiciar la incorporación a su seno de países como Guyana, Haití, Trinidad y Tobago y participar en la búsqueda de soluciones al conflicto interno colombiano, además de trabajar en una política común contra la presencia de bases militares extranjeras en nuestros países, debatir la propuesta de una fuerza militar suramericana y relacionarse con más fluidez con el continente africano, entre otras muchas cosas. El Parlatino puede ser una institución clave, si se transforma, en la construcción de la unidad latinoamericano-caribeña que, de finalmente consolidarse, se constituiría en la cuarta economía mundial, tal como lo ha dicho, recientemente, el ex ministro español de asuntos exteriores, Josep Piqué. El Parlamento Latinoamericano, pues, tiene muchas tareas por delante.
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